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viernes, 12 de febrero de 2010

Van Beveren: El lado oscuro de la naranja mecánica


Todo amante del balompié guarda en su corazoncito un rincón para la selección holandesa de los años 70. Aquel equipo dirigido desde el banquillo por Rinus Michel y en el césped por Johan Cruyff, recibió el nombre de "La naranja mecánica" y el mundo futbolístico se rindió a sus pies por practicar lo que llamaban "el fútbol total."


Sin embargo aquel equipo de ensueño nunca ganó la copa del mundo y mucha gente en Holanda asegura que habrían ganado los mundiales del 74 y el 78 si hubieran contado en sus filas con Jan van Beveren, el genial portero del PSV.


Van Beveren era el típico portero holandés, muy alto pero muy ágil, serio, técnico y elegante, sin duda el portero con más talento de la época en Holanda, entonces ¿Por qué eligieron al excéntrico Jongbloed como titular en la selección oranje? Las malas lenguas aseguran que es porque nuestro protagonista se llevaba a matar con Johan Cruyff.


Jan fue internacional varias veces y de hecho era el titular en la fase del clasificación para el mundial del 74, pero en el partido contra Bélgica se lesionó. Van Beveren tardó mucho en recuperarse de esa lesión por completo, pero eso no le impidió cuajar una temporada espectacular de la que se recuerda un partido soberbio contra el Barcelona, gracias a su fabuloso rendimiento Rinus Michel vuelve a convocarle para un partido amistoso antes del mundial, pero Jan pidió jugar sólo la primera parte porque no quería arriesgarse (ya que no estaba totalmente recuperado) la actitud del guardameta irrita al seleccionador holandés que le lanza un órdago, o van Beveren juega todo el partido, o no juega nada. El portero no acepta y el seleccionador lo manda a casa, acto seguido Cruyff critica publicamente a Jan y comienza su historia de enemistad. Resultado, Van Beveren no va al mundial del 74 y se le da el puesto de titular a Jan Jongbloed.


Después de la copa del mundo, Van Beveren renunció a la Oranje pero volvió poco después hasta que criticó publicamente los privilegios de los que gozaba Johan Cruyff en la selección (llegaba tarde, se perdía partidos, incluso fumaba en el vestuario) esto cabreó muchísimo al bueno de Johan que llegó a amenazar con no volver a jugar con Holanda si Van Beveren seguía en el equipo...y todos sabemos a quien eligió el seleccionador. Resultado, nuestro protagonista se pierde el mundial del 78 y renuncia definitivamente a la selección nacional.


¿Podría haber ganado Holanda alguna copa del mundo con Van Beveren? Eso es mucho decir, pero no cabe duda de que era bastante mejor portero que Jongbloed, una pena no haber podido disfrutar de este gran portero en una fase final.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Hablemos de números


De todos es sabido que el portero siempre lleva a la espalda el número uno, es una regla no escrita en el mundo del fútbol, pero que todo el mundo sigue, es más, dentro del gremio llevar ese dórsal es una cuestión de orgullo y si por una causa o por otra no se puede llevar el codiciado número uno, siempre se elige un número mayor que el once.
¿He dicho siempre? Pues hay un partido en la historia del fútbol en el que esa regla se hizo trizas, y no me refiero a un partido de solteros contra casados, hablo de la final de la Copa del Mundo de 1978 que enfrentó a Argentina y Holanda.


En la portería albiceleste se encontraba toda un leyenda bajo palos, el gran Ubaldo "Pato" Fillol y en su camiseta lucía el número cinco, pero además uno de los arqueros suplentes, Hector Baley, llevaba el número tres y para mayor sorpresa de todos el número uno era para Norberto Alonso centrocampista de River Plate. Este lío de dorsales se debe a que a los jugadores de la selección Argentina les asignaron sus números por riguroso orden alfabético.

Pero no acaban aquí todos los despropósitos en lo que a números se refiere, porque el portero titular de los holandeses, Jan Jongbloed, llevaba el número ocho y en este caso ignoro la razón por la cual eligió un dorsal tan poco habitual para un cancerbero, si alguien lo sabe le agradecería que me arrancara de las garras de la ignorancia.
Espero que os haya gustado esta curiosa historia...aunque supongo que no cambiaréis de opinión y seguiréis deseando llevar el codiciado número uno.